domingo, 9 de diciembre de 2018

Homenaje a Monti


Juan José Castillo Herrera
Un humilde homenaje a Monti
Pocas son las personas que, llegada una determinada edad, son capaces de dejar en nuestro interior tan profunda huella y marcarnos para el resto de nuestras vidas. Tal es el caso de nuestro querido Monti, el profesor don Juan María Montijano quien, habiéndose cruzado en mi camino tras mi reincorporación a la universidad supo, sin quererlo, marcar mi rumbo y mis futuras líneas de investigación en el ámbito académico.
Tras un largo paréntesis de más de dos décadas, decidí reincorporarme a la universidad con el deseo de concluir mis estudios de Historia del Arte, los cuales quedaron inconclusos por razones que no vienen al caso. Mas lo que comenzó cual simple pasatiempos, o como mera ampliación de conocimientos y cultura general, se convirtió, en menos de 3 meses, en la pasión que Monti me inyectó y que ha conseguido cautivarme para el resto de mis días.
Recuerdo el día que entró por primera vez en el aula, ataviado con su habitual sombrero negro y gafas de sol, su maletín colgado del hombro, y una sonrisa socarrona muy difícil de interpretar. Sólo bastó un cruce de miradas, seguido de una sonrisa cómplice y algo traviesa para, en cuestión de minutos, darnos un apretón de manos en el vestíbulo del módulo de aulas y comenzar a forjar nuestra amistad. Y Monti tan sólo había dicho una frase que me marcó para el resto de mi vida académica: “Los miembros de la Academia neoplatónica de Marsilio Ficino defendían que, el Reino de los Cielos, no sólo estaba reservado a los hebreos, sino también a los vecinos de las naciones paganas, y que, con la contemplación de la belleza de los dioses griegos y romanos, podrían llegar a descubrir a Dios”. A partir de ahí supe cuál sería mi línea de investigación y estudio, y fue ese el momento en que decidí que mi reingreso en la universidad debía convertirse en mi absoluta reinvención laboral y académica.
Muchos fueron los ratos que pasé en su despacho hablando de nuestras propias vidas, tanto a nivel personal, como académica. Teníamos similares valores humanos, y coincidíamos en gran parte de nuestra concepción de la vida. También nos apasionaba la arquitectura, y por supuesto el discurso humanista. Muchos fueron sus consejos, y varias veces tuvo que soportar mis desahogos. Un día consiguió hacerme llorar en su despacho, porque su gran capacidad humana, su inmenso corazón, y su absoluta e inefable paciencia, hicieron que me viese pequeño y vulnerable, mas él me dio un abrazo y finalizaron, para siempre, tamañas angustias académicas.
Sus clases magistrales eran divertidísimas, si bien hay que reconocer que había veces que costaba seguir el hilo de su discurso. Nunca pude ir con él a Roma, ni tampoco disfrutar de las becas que él mismo gestionaba y que me animaba a solicitar. Pero sí disfruté con él de un breve viaje a las ciudades monumentales de Úbeda y Baeza, consiguiendo fascinarme con su habilidad para interpretar la arquitectura renacentista y barroca, amén de conseguir, con su tenue, pero a la vez penetrante voz, persuadir a todos sus oyentes y captar su atención. Allí comimos juntos, tomamos café juntos, paseamos juntos, y también ¡cantamos juntos!
A pesar de tantas horas de docencia, y a pesar de ciertos sinsabores que los alumnos provocan en las aulas, no puedo más que recordar buenos momentos a su lado. Su mirada de cariño cuando nos cruzábamos en los pasillos, nuestras conversaciones en su despacho, cuando tuve la suerte de colaborar en el Departamento de Historia del Arte y poder trabajar codo con codo con él, al igual que con el resto de profesores, sus llamadas de teléfono cuando sabía que me encerraba a estudiar y que necesitaba una palabra de ánimo cuando me veía obligado a desatender mis obligaciones familiares… Son tantas y tantas las horas vividas con él, tantas las vivencias, y tan gratos los recuerdos que, no es difícil sentir que el alma se inflama hasta producir un amargo nudo en la garganta, nudo que se dulcifica finalmente al recordar su voz, sentir la caricia de su mirada, y por supuesto, sus reconfortantes apretones de manos y su mano puesta en mi hombro.
Monti no es solo un profesor de la universidad. Monti es Monti, y siempre será Monti, y esté o no presente, siempre vivirá en mi corazón. Aún tengo la esperanza de cruzarme con él por los pasillos, y todavía los pasos se me dirigen solos hacia su despacho cada vez que voy a la facultad. Tengo sus libros, guardo sus trabajos, sus apuntes, y es mi referente académico, pero el tesoro que mejor conservo es su sonrisa y su cariño. Muy difícil será que este hueco vuelva a llenarse dentro de mí.
Hasta siempre, Monti. Los putti del cielo te recibirán a bien seguro con sus brazos abiertos, te rodearán con sus alitas, y te prepararán un buen sitio para que descanses. Doy gracias al cielo por haberte cruzado en mi camino.

miércoles, 8 de agosto de 2018

A veces la muerte es bella


La imagen puede contener: cielo, casa, exterior y naturaleza

Siempre que entro en una sala de cualquier tanatorio pienso lo mismo: “qué fea es la muerte”. Pero a veces la vida, y la misma muerte que, dicho sea de paso, forma parte de la propia vida, te sorprende cuando ves el poder encontrar belleza entre lo supuestamente feo.

Hoy he tenido el honor de despedir a mi querida Asunción. Una mujer fuerte, valiente, con una fe inquebrantable, dispuesta a morder el polvo, cuando ni siquiera había polvo alguno que morder. Fui testigo de muchas crisis, de muchos sufrimientos, crisis y sufrimientos de todo tipo. Pero yo solo era un adolescente, un adolescente que, como bien indica la palabra, adolecía de todo tipo de conocimiento sobre la vida, las dificultades, los sufrimientos. Entre mis risas, mis locuras, y mis simples ganas de pasarlo bien en todo momento, aquella Asunción se tragaba sus lágrimas para que su hijo más pequeño, mi amigo del alma, aquél con quien tantas cosas he vivido, tantas veces me he peleado, y tantos años he querido, tuviese una vida digna.

Cuando sabía que había discutido con su hijo, apretaba los labios y me decía que éramos unos burros; cuando íbamos a salir con los demás amigos siempre me decía que vigilase a su hijo porque yo era el que más talento tenía; y cuando no iba a su casa preguntaba dónde estaba yo, porque no quería que me enfadase con su hijo. Y su hijo, ese hijo que siempre estuvo con ella en todos los momentos, en los fáciles, que fueron pocos, y en los difíciles, que fueron casi todos, siempre me quiso con locura, y yo a él. Fuimos casi hermanos, y como hermanos que éramos, siempre andábamos discutiendo.

Vivimos muchas cosas, muchísimas, todas ellas bellas y amables. Su casa era mi casa y mi casa era la suya. Su nevera era la mía y mi nevera la suya. Y Asunción, aquella querida Asunción, al poner la mesa incluso me decía: “tú sabes dónde están las cosas, empieza a poner la mesa”. Cuántas veces he dormido en tu casa, cuántas veces me he sentado a la mesa, cuántas veces me has recibido en tu casa del pueblo…

Hoy te despido para no verte más entre el cielo y la tierra. Y ha sido bellísimo despedirte, porque tu hijo, mi amigo del alma, lloraba como un niño pequeño desconsolado despegado de su madre, y he podido volver a abrazarlo y besarlo. Aquel niño pequeño que siempre estuvo contigo, hasta el final, y que te quería con locura. Y ha sido igualmente bellísimo, porque he relatado a tus nietos estos más de treinta años de amistad con tu hijo, contándoles nuestras locuras, nuestras aventuras, nuestros enfados, nuestra… amistad. Aquellos veranos en el pueblo, aquellas tardes en tu salita, aquellas largas noches en que no sabías dónde andábamos.

Sí, a veces la muerte puede resultar bella. No sólo bella, sino bellísima. Bella porque se resucitan momentos que quedaron atrapados en el tiempo; bella porque me has permitido volver a subir al pueblo, ese pueblo que me dislocaba; bella simplemente porque, tras mis relatos, tus nietos adolescentes han dejado escapar sus lágrimas, lágrimas de mucho amor, de mucho cariño, de mucha ternura hacia tu niño, ese tu niño pequeño, mi… amigo.

Hasta siempre Asunción. Espero verte en el cielo.

martes, 6 de febrero de 2018

Juegos de niños

"¿Qué nos pasó?", preguntaban hoy junto a un vídeo que mostraba escenas de niños y niñas saltando a la comba, jugando a la rayuela, saltando al potro, jugando a la gallinita ciega, corriendo para coger el pañuelo, saltando con sacos... ¿Qué nos pasó que hoy ya no vemos eso en nuestras calles y plazas? Y yo añado lo siguiente: ¿por qué los niños ya no hacen "el burro"?

La respuesta es bien sencilla, y no caben excesivas conjeturas: hemos entregado la custodia de nuestros hijos e hijas a aparatos tecnológicos; les hemos abierto la puerta para que salgan solos a circular por las grandes autopistas de la información y no les hemos cogido de la mano para que no los atropellen. Pero además, les hemos colmado de caprichos, golosinas y desproporciones varias; no les hemos corregido cuando convenía hacerlo para no herir su sensibilidad ni traumatizarles; les hemos dado la opción de decidir por sí mismos sobre su identidad cuando ni siquiera sabían que la identidad existía; hemos comprado su cariño inundando sus habitaciones de pantallas táctiles y aparatos de comunicación para que, al final, no se comuniquen con nadie; no les hemos dejado crecer, sino simplemente se han convertido en nuestros propios artefactos y les hemos intentado modelar para volcar en ellos (y ellas) todas nuestras frustraciones y desengaños...

Y así hemos llegado a ver a niños de 13 años que embarazan a sus hermanas pequeñas; o niños de 14 que apuñalan a sus hermanos mayores; adolescentes que apalean a sus progenitores cuando no funciona el router doméstico o falla la señal WIFI; chicos y chicas que insultan y agreden a sus docentes contando con el beneplácito de sus progenitores, los cuales se jactan de ello en sus correspondientes grupos de WhatsApp de "padres y madres", "madres y padres", o "progenitores y progenitoras" (o viceversa todo, todo viceversa) de alumnas, alumnos, alumnes y demás creaciones ilusorias.

Entretanto, mientras nuestros hijos y nuestras hijas son debidamente custodiados y custodiadas (seamos políticamente correctos, al menos, por esta vez) por semejantes artefactos, nosotros nos empeñamos en inventar leyes contradictorias y derechos inexistentes para ir cediendo esa patria potestad a la tecnología; nos inventamos ideologías baratas y vacías, sin fundamento científico ni biológico alguno, que dañan seriamente la integridad de la persona y a su sociedad; reclamamos hiperprotección a la infancia, cuando precisamente los protegidos debían ser los adultos... Y así podría seguir con innumerables sandeces vigésimoseculares que marcan el ritmo de este prácticamente recién estrenado tercer milenio.

Pues aquí está la respuesta: los niños ya no hacen "el burro" porque en eso los hemos convertido, en burros (con perdón para los onagros y derivados de tan noble especie). Nos hemos empeñado en ello con nuestras soberanas sandeces y desproporciones, y ahora, a recibir coces y mordiscos. Esa es, y no otra, la respuesta: ¿qué nos pasó? Pues que ya no somos humanos, somos burros.

Obra: "Juegos de Niños", Brueghel el Viejo, ca. 1560, óleo sobre tabla 118x161cm.

sábado, 24 de junio de 2017

Noche de San Juan

Siempre hice a mi padre la misma pregunta: "¿por qué la gente se pone tan contenta en nuestro santo?".
Y siempre recibía la misma respuesta: "porque nuestro nombre es importante, hijo".

Así, cada año, al inicio del verano, en nuestras calles se celebraban verbenas; sonaba la música hasta altas horas de la noches; los vecinos salían a la calle y bebían cerveza juntos; luego se hacían churros; quemábamos los júas... Cada calle competía por tener la mejor verbena pero, en el fondo, todas eran una sola.

Y mi padre me decía siempre: "llama a tu abuelo". Y así lo hacíamos, hasta que un día dejé de llamarle porque ya no podía contestarme. Y así año tras año, hasta que las verbenas dejaron de celebrarse. No obstante la noche de San Juan siempre fue especial. Y siempre mi abuelo, mi padre y yo, celebrábamos nuestro santo.

Pero hoy ha sido más especial que nunca: hoy don Juan no pudo decirme gran cosa pero con sus ojos lo ha dicho todo; hoy no me agarraba la mano para cruzar la calle y no perderme entre el bullicio de la gente, sino que he sido yo quien se la ha cogido para que sintiese mi presencia; hoy no me ha agarrado él para proteger mi vida, sino que he sido yo para que él se agarrase a la mía. Y así, agarrándose fuerte a mi mano, seguía asido a una vida que se le va por momentos, pero qué hermoso resulta vivir tamaños momentos...

Hoy soy yo quien dice a mis chicos eso de "llamad a vuestro abuelo", y he sido yo quien he asido su mano para proteger su vida o, al menos, hacérsela más dulce... hoy la noche de San Juan es, sencillamente, muy especial.

Felicidades papá. Gracias por todo cuanto me has dado y sigues dándome.

jueves, 9 de junio de 2016

Otro capítulo cerrado


Ahora sí que ciertamente esta etapa está concluida.  Impensable hubiese sido poder imaginarme, durante el otoño de aquel 1989, que volvería a recorrer aquellos pasillos veintitrés años después, con una situación tan diferente a la de entonces, y con un horizonte que se presentaba tan confuso y tan borroso.


Fue por pura decisión propia, además en contra de la voluntad de mis padres, pero me aventuré a ausentarme de la vida universitaria para sumergirme en el mundo laboral, con la seguridad de que volvería algún día.
Una y otra vez me repitieron aquello de “te vas a arrepentir”, mas yo seguí adelante en mi empeño.
Y ciertamente me arrepentí, mas lo que dije, lo hice, veintitrés años después, pero lo cumplí.  Y quizá no en la mejor de las circunstancias, y hubo quien me criticó, o quizá no me entendiese, pero volví, sin saber muy bien si en este segundo asalto conseguiría terminar.

Pero, ante tamañas dudas y semejantes confusiones, con una multitud de hijos a mis espaldas, salvando serias dificultades económicas y, reponiéndome de un despido laboral totalmente injustificado e improcedente, me lancé a la aventura de salvar todos los obstáculos.  Y empecé con toda clase de dificultades: un hijo hospitalizado, un embarazo complicado, no menos dificultades económicas, la “misión especial” en Coín durante semanas y más semanas, aquellos madrugones infernales…  Pero, tras cuatro años de ponerme, una y otra vez al día, tras verme en la obligación de ampliar mi biblioteca, amontonar, leer y consultar cientos y cientos de libros, revistas, artículos, tesis..., después de realizar trabajos de investigación, críticas, reseñas, asistir a conferencias, actividades extraordinarias, levantarme a esas horribles horas en las que lo único ventajoso es encontrar silencio absoluto en la casa…, todo tiene su punto final y, como digo al principio, ahora sí que puedo decir que esta etapa está cerrada.

Sólo quedaba realizar entregar la ‘Memoria’, y ya está entregada, cumplimentada y evaluada por mi tutor, y de cuya puntuación provisional estoy más que satisfecho.
Únicamente queda salvar el último trámite de exponerla y defenderla ante el correspondiente tribunal, pero ya todos los obstáculos que parecían insuperables están más que salvados.

Hoy sólo puedo dar gracias a Dios por esta experiencia, pero sobre todo por los ánimos y apoyo recibidos de mi mujer; por convertirme en referente para mis hijos, y porque así mi padre se queda tranquilo de que por fin termino la carrera.  También por tantas y tantas gentes interesantes que he conocido y me quedan por conocer, algunas que, como siempre pasa, me han decepcionado, y otras no dejan de sorprenderme.  También doy las gracias a todos mis amigos y familiares que siempre han tenido esa palabra de ánimo y me han dado esos empujones que a veces he necesitado.  Y por supuesto al profesorado, que con tanta paciencia y tanto afecto me han tratado durante estos años, y que, gracias a la colaboración prestada al Departamento de Historia del Arte, hoy puedo decir que me une a todos ellos algo más que una simple relación académica.

Por eso, ahora sí que puedo decir que este capítulo ya está concluido.  Vamos ahora a por el siguiente.  Espero poder contar las mismas bendiciones, que los proyectos se cumplan, que admitan a trámite mis propuestas, y pueda seguir haciendo lo que realmente me hace feliz: humanizar la sociedad.

sábado, 2 de abril de 2016

La flor del asfalto

En medio de la sequedad, de las dificultades, del sol implacable, o cuando las circunstancias en absoluto son favorables, sino más bien contrarias.
En esos momentos en los que casi la totalidad de los mortales parecen haber desaparecido de nuestro alrededor,
Si lo imposible es precisamente la razón por la que deberíamos hundirnos y rendirnos ante la fatalidad de nuestra propia condición; ahí es justo cuando la vida florece y las fuerzas recobran su vigor, y somos capaces de luchar contra las tempestades y nadar contracorriente.
No sé porqué pero, por más que miro esta imagen y la vuelvo a mirar, no puedo sino identificarme plenamente con ella.

viernes, 26 de febrero de 2016

Silencios

Aquellos huecos difíciles de volver a llenar, palabras que arrojamos o nos son arrojadas por arrebatos casi imposibles de controlar, reacciones fruto de nuestra propia primariedad…

Gastamos nuestras vidas intentando llenarlas, o ganar batallas, cuando lo que muchas veces conseguimos es vaciarlas, perdiendo aquéllas una y otra vez.  Mas contemplar una y otra vez el camino, quizá mal andado o mejor, posiblemente errado, o bien rebuscar en aquel hueco vacío aquello que tal vez, en alguna maltrecha ocasión perdimos, no sirve más que para empobrecer nuestra alma y sumirnos en la desesperanza y en la tristeza.

El hueco que deja de estar lleno, las palabras que aquella vez hirieron, los impulsos primarios difíciles de frenar, echar la vista atrás para recrearnos en aquellas profundas huellas… todo esto son, sin más, las páginas del libro de nuestra historia, de nuestra existencia; son los capítulos de nuestro vivir intensamente; son los acordes de esa nuestra perfecta y única gran sinfonía.

En cada página, en cada capítulo, en cada partitura, las pausas y los vacíos siempre son necesarios.  Su objeto no es más que hacernos reposar y serenar nuestras almas.

domingo, 14 de febrero de 2016

Un deporte muy común

La maledicencia, la murmuración, las críticas sin fundamento… todas esas cosas que en ocasiones tanto nos gustan a los humanos, se asimilan a hechos tan cotidianos como derramar un cubo de agua, arrugar un papel o romper un cristal.

Del cubo que se derrama, la totalidad de su agua es imposible de recoger; el papel que arrugamos, por más que nos empeñemos, jamás volverá a presentarse terso y con la suavidad suficiente como para que podamos escribir sobre él dulces palabras, pero además, si arrojamos un vaso de cristal al suelo, nos resulta tarea imposible el intentar recomponer, con los diminutos y dispersos trozos de cristal, aquel suave recipiente que nos brindó deleitarnos el paladar con su delicioso contenido.

Eso mismo ocurre cuando hablamos mal de nuestros semejantes (sí, semejantes, recordemos que eso somos, semejantes en todo): la fama queda totalmente desparramada por el suelo y es imposible volver a recogerla porque, inmediatamente, se evapora, exactamente igual que el agua; su semblante queda arrugado y, por más que volvamos a contemplarlo, sólo percibiremos la fealdad de sus arrugas, sin posibilidad de esbozar sobre él el menor atisbo de belleza y, por supuesto, toda su persona, toda su alma, todo su ser, quedan destrozados ante nosotros cual vaso de cristal arrojado a nuestros pies y ante el cual, la única opción que queda, es barrerlo para no herirnos los pies con el resultado de nuestra magnífica proeza.

Quizá nos suene a sandez, o nos resulte ciertamente ridículo, o incluso pueda llegar a ser insignificante, pero ese es, ni más ni menos, el resultado de algunas de nuestras “opiniones”.  Sin embargo, lo más gracioso de todo esto, es que este es uno de nuestros deportes preferidos.

Buen domingo a todos.

martes, 9 de febrero de 2016

Infinitamente libres

Barreras, obstáculos, impedimentos, muros, vallas...

Cada día se nos presenta cual inmenso reto en donde cientos o incluso miles de obstáculos tratan de impedir que cumplamos nuestros sueños o que alcancemos nuestras metas.

En cierto modo somos esclavos de nuestras palabras, de nuestros actos, de nuestras actitudes. Somos esclavos de aquello que, en definitiva, nos define como únicos y nos configura como absolutamente irrepetibles en esta compleja especie humana.

Pero allí, en lo más profundo de nuestros pensamientos, en lo más secreto de nuestro interior, en aquella sacratísima estancia de nuestra propia alma, es en donde somos realmente libres. Es ese lugar en donde, de modo absolutamente inefable, se cumplen nuestros sueños, se alcanzan nuestras metas y finalizan nuestras inquietudes. Es allí en donde nos mostramos en la plena desnudez de lo que realmente somos.

Por tanto, ninguna barrera, ningún obstáculo, ningún impedimento y ningún muro o valla conseguirá jamás detener la persecución sin condiciones de nuestras metas y nuestros sueños.

Feliz martes amigos, vamos a por todas.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ganadores y perdedores

Viendo el panorama solo puedo pensar que absolutamente ningún político ni ninguna formación merecen la confianza de nuestro querido país y así, tras varias semanas oyendo cánticos celestiales y futuros países maravillosos, nos quedamos rotos, boquiabiertos y desalentados.

Es lo que tienen las votaciones, que jamás unen, siempre dividen.

Aunque lo que sí ciertamente se evidencia es que ellos siempre ganan.  Sea como sea siempre ganan porque todos ellos se sienten vencedores, todos levantan sus brazos en señal de victoria y todos se sienten gratamente apoyados por sus votantes.  Total, a fin de cuentas, sigan o no sigan en política, sus cuentas corrientes ya las tienen repletas y sus pensiones aseguradas, por tanto a ellos qué más les da hacerlo bien o hacerlo mal.

Y nosotros, como de costumbre, somos los que siempre perdemos, porque somos los que nos cabreamos, nos enfrentamos, discutimos, nos lamentamos..., en fin, somos lo que somos y seguimos creyendo en sistemas que parece ser dejaron de funcionar hace tiempo.

Uno de vosotros me ha dicho que hoy es la verdadera jornada de reflexión.  No sé, no sé qué pensar.  Creo que hoy lo que toca en realidad es cumplir la penitencia y seguir escuchando las mismas sandeces de siempre para finalmente, no llegar a ningún lado.

Feliz lunes a todos, disfrutemos estas navidades con nuestros seres queridos, que es lo que verdaderamente debía importarnos, y que esos hagan su trabajo, si es que saben hacerlo, cosa que dudo desde hace ya unos cuanto años.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Todos somos artistas

Cada persona posee su verdadera vivencia; cada instante es único e irrepetible; cada sensación, aun siendo infinitamente minúscula en el universo de nuestra existencia, queda grabada en nuestros sentidos para recrear aquél majestuoso mundo de nuestras experiencias.
Nuestras sensaciones se funden unas con otras, nuestras visiones se acumulan, nuestras experiencias nos invitan a saborear nuestros recuerdos…
Gracias a la contemplación de nuestro entorno somos guiados a través de este inmenso abismo que resulta ser nuestra propia existencia en medio de la truculencia de nuestro mundo.
El arte es expresión de una vivencia; el arte es expresión de un sentimiento.
El arte es expresión de nuestras sensaciones; el arte nos ayuda a entendernos y amarnos.
El arte nos permite descansar y dejar volar nuestros más íntimos pensamientos en nuestra ajetreada existencia.
De este modo, todos somos artistas: todos anhelamos un mundo bello y verdadero, un mundo de bondad y descanso, un mundo de luz y color en donde las emociones broten sin sujeción a normas ni estados de ánimo preestablecidos.
Nuestra visión nos invita a deleitarnos en lo que nos rodea, y así somos capaces de recrear lo que percibimos en nuestro interior; pero nuestra imaginación nos hace plasmar, de un modo u otro, aquello que percibimos y que, de algún modo, nos obliga a mejorar una situación anterior. Así, nuestro modo de hablar, de vestir, de comer, caminar…, todo responde a un arte único, verdadero, irrepetible.
Cada uno de nosotros expresamos nuestra propia percepción del mundo obedeciendo a nuestro particular "modus vivendi". Por eso todos somos artistas, porque expresamos lo que percibimos según nuestro peculiar e irrepetible modo de hacerlo.

Cada día se abre ante nosotros cual inmenso universo, sobrecogedor, lleno de misterio y sorpresas, pero a la vez infinitamente bello por su personal carácter individual.

martes, 4 de agosto de 2015

Cada pieza encaja

Cada instante de nuestra existencia es la pieza de un maravilloso puzle en donde cada pieza, nos agrade o no, encaja a la perfección.

Hay momentos en que nos sentimos destrozados, mas realmente lo que estamos es, simplemente descolocados, y necesitamos que alguien nos ayude a reubicar todo en su sitio.

Otras veces nos sentimos pletóricos, y sin embargo lo que realmente necesitamos es que nos recoloquen porque quizá la euforia nos impide ver cómo realmente estamos y lo que verdaderamente somos, llegando a despreciar a quien en realidad quiere echarnos una mano.

Pero el verdadero problema es llegar a encontrar aquella mano amiga que en la dificultad nos brinde su cariño incondicional; esa mano que a veces ignoramos por no ser la que esperamos, por no darnos lo que queremos (que no siempre es lo que necesitamos) o simplemente, no llegamos a ver porque, quizá una pieza de nuestros ojos no está debidamente colocada o no miramos hacia donde realmente tendríamos que mirar.

miércoles, 18 de junio de 2014

Y pasaron más de quince años

Imposible olvidar aquellos ojos que me miraban fijamente cuando apenas habían visto la luz.  No, imposible olvidarlo, eso no puede olvidarse nunca.  Imposible olvidar aquellos primeros pasos, aquellas primeras palabras, sus primeros desastres, sus accidentes, sus risas, sus llantos, sus logros, sus decepciones, sus primeros dibujos, sus primeras letras… No, tampoco eso puede olvidarse.

Mas tampoco es posible olvidar aquellas sencillas puertas que se nos abrieron por vez primera y aquellas afectuosas sonrisas, como aquellos apretones de manos, aquellas voces templadas, aquellas dulces y entrañables miradas.

Pues sí, erais vosotros, todos vosotros.  Esos a los que, cuando llamábamos, abríais vuestras puertas; cuando os consultábamos, ofrecíais vuestro ideario; cuando nos quejábamos, contestabais con la mejor de vuestras sonrisas; cuando nos alegrábamos, derramabais la más dulce de vuestras lágrimas y cuando os necesitábamos, nos abríais vuestro corazón.

Sí, erais vosotros, todos vosotros.  Esos a los que un día encomendamos a nuestra primera hija y, no poco satisfechos, os hemos ido encomendando a todos los demás.

Sí, erais vosotros, todos vosotros.  Esos a quienes mis hijos se dirigen día a día cuando no nos tienen cerca y para quienes sois como el padre o la madre, el amigo o la amiga, el hermano o la hermana, el confesor o confesora, el enfermero o enfermera, el psicólogo o psicóloga, y así como tantos etcéteras podrían ser agregados a una interminable lista.

Pues sí, erais vosotros, todos vosotros, los que ayer, una vez más, conseguisteis arrancarme una lágrima.  Una vez más me abrazasteis, me besasteis, me felicitasteis.  Una vez más tuvisteis paciencia conmigo y con mi familia.  Una vez más me regalasteis la mejor de vuestras sonrisas.  Una vez más, en un acto sencillo, pero no por eso menos entrañable y emotivo, ofrecisteis lo mejor de cada uno de vosotros.

Pues sí, a vosotros, a todos vosotros, a todos los que cada día os levantáis para llenar de grandes valores el Colegio Virgen del Carmen San Patricio, va hoy este mi muy humilde homenaje.

A todos vosotros, gracias de corazón.  Gracias por haber estado, por estar y seguir estando con nosotros y con nuestros hijos.  Porque con nuestras llamadas seguís abriendo vuestras puertas, con nuestras consultas nos seguís ofreciendo vuestro ideario, porque a pesar de nuestras quejas seguís sonriendo, porque cuando nos alegramos siempre tenéis reservada vuestras dulces lágrimas y porque cuando os necesitamos, ahí tenemos vuestro corazón.

A vosotros, a todos vosotros, gracias de corazón, que Dios os bendiga siempre.


(Dedicado a todos los profesionales del Colegio V. del Carmen / S. Patricio)

lunes, 2 de diciembre de 2013

El temeroso San José

Hilaba Santa María,
con aguja de tejer,
sorprendióla San José,
en la clara luz del día.

Horneaba la Santa Virgen,
pá su marido un pastel,
mas pillóla San José,
que cocinar no le exige.

Usaba la Virgen Niña
una piedra de moler,
mas frenóla San José,
cuando vio su tez pardiña.

Mas por fin, Virgen María,
un trabajo has de facer,
ayudar a Dios nacer,
¡Ay José! ¿querrás, María?

viernes, 21 de junio de 2013

Fiestas de fin de curso

Los hijos nunca dejan de sorprendernos.
Por norma general, no suelo asisitr a las fiestas de fin de curso del colegio de los chicos (cosa que ellos entienden, porque a ellos tampoco les gusta ese tipo de eventos), pero este año me he sentido especialmente persuadido por mi hijo David y no dejo de sorprenderme.

Veréis, hace dos semanas, se supone que el ratoncito Pérez le dejó una moneda bajo su almohada y David, ni corto ni perezoso, compró dos entradas para su fiesta de fin de curso.  Mi esposa, interesada en que el chico vaya llenando su hucha con sus propios ahorros, lo recriminó, mas cuando yo le pregunté me dijo muy serio: "Papá, es que quiero que mamá y tú vayáis a verme, por eso, para que no digáis que no, os invito con mi dinero".

Evidentemente, con gran orgullo he ido a la puerta del colegio, he entregado mis dos entradas como si al mejor de los conciertos o sesión de ópera fuese a asistir y, a todo el que conocía le he dicho: "mi hijo David me ha invitado a su fiesta".  Me da igual lo que pensasen los demás: yo he aceptado su invitación, y bien orgulloso que me siento de tener un hijo que, con tan solo 7 años, pueda ser tan generoso.

En estas pequeñas cosas, en la sencillez y la inocencia de un niño, en la providencia diaria, en la generosidad que derraman todos los que me rodean, en las ganas de vivir, es donde cada día se me concede experimentar el Amor de Dios.

Querido David, hijo mío, me ha gustado mucho tu fiesta: que Dios te bendiga siempre.

sábado, 18 de mayo de 2013

Fiesta de Pentecostés, Fiesta de Shavuot

“Contaréis siete semanas enteras a partir del día siguiente al sábado, desde el día en que habréis llevado la gavilla de la ofrenda mecida, hasta el día siguiente al séptimo sábado, contaréis cincuenta días y entonces ofreceréis a YHVH una oblación nueva”. (Levítico 23, 15-16).

(...) Se trata del momento del día de la “entrega” de la Torah, no de su “recepción”, ya que siempre la estamos recibiendo en la PARASHAT (acampada junto a la Tienda del Encuentro) de cada semana (...)

(...) Di-s presta Su juramento al pueblo elegido de que iban a ser Su pueblo y no iba a cambiarlo nunca. Como Di-s entrega Su juramento, también esta fiesta es conocida como JAG HA-SHVUOT (SHVUOT=juramento) (...)

y... muchas cosas más (de mi ensayo "Las festividades judías")

Jesucristo aprovecha la reunión de sus discípulos en esta festividad para entregar el Espíritu Santo a su comunidad, al igual que Di-s, El Santo, Bendito sea, entregó la Ley a Su Pueblo 7 semanas después de salir de Egipto.

¡¡ Feliz Pentecostés !!

miércoles, 24 de abril de 2013

Las lágrimas

Las lágrimas fueron puestas por Dios para recordarnos que nuestro corazón late y que, todo cuanto acontece a nuestro alrededor existe para nuestro bien y para perfeccionarnos como personas.

A veces, las lágrimas surgen espontáneamente cuando te sientes feliz, cuando ríes y te invade una gran alegría cuando recibes una buena noticia.  En esos momentos parece que el corazón se ensancha y que toda la existencia se torna de colores vivos, alegres, brillantes; la luz nos embriaga y entonces, brotan lágrimas de satisfacción.

Otras veces las lágrimas brotan de nuestros ojos ante las adversidades o injusticias que sufren los seres queridos que nos rodean.  En esos momentos nos gustaría entrar en la piel de quien sufre para intentar mitigar su dolor y su desesperanza.  Así ocurre cuando ves sufrir a la esposa, a los hijos, a los padres, a los hermanos, a la gente querida.  Entonces el corazón vuelve a ensancharse y abre sus alas en un deseo de alcanzar el alma sufriente y fundirse todo él en un inmenso abrazo y poder demostrarle todo su amor.

Otras muchas veces las lágrimas se derraman cuando nuestros corazones son atrapados por la tristeza.  Entonces es cuando la mirada se nubla, el rostro se oscurece, el corazón se entenebrece... En esos momentos es muy difícil (o casi imposible) ver la luz y recordar los momentos en que Dios nos ha bendecido con Sus dones y nos ha embriagado con Su Alegría y Su Amor.

Pero otras muchas veces las lágrimas quedan atrapadas y no pueden salir.
Entonces es cuando realmente hay un problema, y muy serio: el corazón se encoge, el alma se agrieta, los ojos se secan, la garganta se cierra, la cabeza se agacha, la mirada se pierde...

Es evidente: en estas, y en otras muchísimas circunstancias (hasta 150 dicen los judíos) las lágrimas resultan ser la medida de nuestros sentimientos.

(Dedicado a los que hoy no pueden llorar)

viernes, 1 de junio de 2012

Nuestras vidas y los árboles


Cada vida que comienza es como un árbol que se planta y al que cuidamos, regando, podando y ayudando a crecer. Los hijos pequeños son semillas plantadas en los huertos de nuestras familias.
Al igual que el hortelano acoda, protege y entalla los pequeños arbustos, así es un padre de familia justo: siempre está llamado a enderezar el crecimiento de sus hijos, incluso cuando llegan a la edad adulta. También entonces el padre, cual diligente hortelano y amante de su hermosa huerta, irá podando y limpiando aquellas ramas y brotes que puedan afear el porte del árbol o también entorpecer su crecimiento.


Así la Palabra de Dios, proclamada y vivida cada día en la mesa del hogar o en la liturgia de la familia, va ayudando constantemente al padre justo a ofrecer una correcta educación para sus hijos.

(De mi trabajo sobre las festividades hebreas;
Capítulo 8 - El Año Nuevo de los árboles
-espacios para la reflexión-).

lunes, 7 de mayo de 2012

La alegría de ser cristiano

Una vez, cierto sacerdote exclamó en medio de una asamblea a unas trescientas personas (de ellas, más de la mitad eran jóvenes de entre 18-25 años), "¡ Es chulísimo ser cristiano !".
Ciertamente, doy fe de ello, pienso lo mismo que aquél joven sacerdote, lleno de vitalidad, entusiasmo y una profundísima fe.


Ayer domingo, varios grupos de cristianos católicos adultos, comunidades enteras formadas por niños, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, solteros, casados, viudos...., salimos a la calle a festejar nuestra fe y anunciar públicamente la Resurrección de Jesucristo.
Rezamos, cantamos, escuchamos la Palabra de Dios y bailamos delante de la Escritura, a semejanza del Rey David cuando cruzaba las murallas de Jerusalem con el Arca de la Alianza, a pesar del desprecio que le granjeó Milká (2Sam. cap. 2).
Algunos hermanos proclamaron la grandeza del Señor, atestiguando con sus propias vidas todo cuanto Dios ha hecho con ellos, al igual que el endemoniado de Gerasa, al que el mismo Cristo dijo "ve y anuncia lo que el Señor ha hecho contigo".


Doy gracias a Dios por el espectáculo, quizá bochornoso para algunos, no por eso menos enriquecedor para otros, dimos ayer domingo por la mañana en medio de una plaza.
Doy gracias a Dios por el testimonio, quizá ridículo para algunos, no por eso más valiente para mí, que dieron aquellos hermanos en medio de hombres y mujeres desconocidos.
Pero mis mayores gracias a Dios son dadas por aquellos que escucharon esas breves palabras, que nos vieron cantar y bailar en torno a la Cruz y la Escritura, y que quizá se dijeron en sus corazones: "verdaderamente, ha resucitado el Señor, ¡Aleluya!".

viernes, 20 de abril de 2012

Agradecimiento

Ayer recibí llamada de un antiguo compañero de trabajo.
Después de seis meses sin tener apenas contacto, me comunica mi compañero que su padre acaba de fallecer y que, antes de decírselo a nadie, deseaba que yo lo supiese el primero.
Y aquí va mi pequeño homenaje:

"Querido Guillermo, te agradezco enormemente me hagas partícipe de este momento tan difícil para tu familia.
Te agradezco mucho que, en los momentos en que necesitas un apoyo, una palabra, un consuelo, cuentes conmigo y con mis oraciones.
Te agradezco en gran manera la seguridad que tienes de que mis oraciones van a ser escuchadas.
Muy bien sabes que tu padre ya está gozando de la presencia de Dios en el país de la Vida.
Bien sabes igualmente que El Santo (bendito sea), os concedió la gracia de vivir en una fantástica familia numerosa, temerosa de Dios y refugiada en el seno de la Iglesia.
Sabes perfectamente que tu padre, una vez concluida su labor, estando en paz con todos, dejando atrás los suplicios de algunas enfermedades, pidió una vez más estar con vosotros y recibir los santos sacramentos antes de emprender su gran viaje.
Por eso amigo Guillermo, ten por seguro que vuestro padre, si bien no está entre vosotros, sí que está gozando de la dicha del Padre en el seno de Abraham, Isaac y Jacob. Tu padre supo (y eso que no le conocí personalmente) edificar una familia robusta, unida y basada en los cimientos de nuestra fe, por eso mismo te repito, ten por seguro que lo que esperaba gozar, ya lo está disfrutando.
Rezo a Dios para que conforte la soledad de tu madre y el desconcierto de todos vosotros.
Cuenta con mis oraciones y con todo mi apoyo."

(Dedicado a la familia de D. Juan A. Plaza, que pasó al padre el 19 de abril de 2012. D.E.P.)