martes 20 de diciembre de 2011

Entre bambalinas

Hoy estuve con mi hija Clarita en su fiesta de navidad del cole y, como de costumbre, ahí estaban todos aquellos a quienes no me canso de admirar y cuya madera es no poco especial.
Me refiero a mis queridos educadores. Con su paciencia, afabilidad, cariño hacia los niños y esa sonrisa que no cae de sus caras, me hicieron pasar un rato poco menos que inolvidable. Y el espectáculo, por razones que no vienen al caso, lo vi entre bambalinas, en mi lugar preferido, en donde puedo disfrutar del espectáculo, de las luces y las voces de nuestros alevines, pero también puedo deleitarme compartiendo nervios, sudores, prisas... Los telones oscuros, el olor a madera, el sonido de los focos cuando se encienden y se apagan, la música de fondo que no termina de entrar en el momento previsto, el attrezzo al que siempre falta algo, el vestuario que se desilacha... En fin amigos, todas esas cosas que me apasionan y que, rodeado de tales personas, me hacen sentir como pez en el agua.
Y allí estaban ellos. Mis nuevamente queridísimos educadores. Pienso que Dios, cuando creó a los hombres y mujeres de este mundo, usó dos tipos de madera: la madera noble de los educadores y la madera común de las demás personas.
Como padre de familia numerosa, tengo que elogiar la labor de estos hombres y mujeres que vierten todo su tiempo, su profesionalidad, su paciencia, su sonrisa y, cómo no, todo su amor y su cariño hacia nuestros hijos. Y todo simplemente porque así se lo inspira su vocación.
En medio de los nervios, de las tensiones, del calor y de los fallos que se aprecian entre bambalinas, allí estaban todos: aparecían ante el público serenos, sonrientes, cariñosos y con una profesionalidad que ya desearían muchos de nuestros actores poseer.
Queridos educadores: gracias por atender a mis hijos. Feliz Navidad y un beso para todos.

domingo 11 de septiembre de 2011

Una de artistas

Durante unos pocos días he podido recordar mis tiempos de actor de teatro.
Fue un tiempo estupendo, un tiempo realmente maravilloso, quizá de los años más felices de mi vida.
Pude conocer tanta gente, tanta buena gente, hacer tantos buenos amigos que, aun hoy día, cuando nos vemos, parece que no ha pasado el tiempo...

Pues durante unos pocos días he tenido la suerte de tener en casa a un artista muy especial. Un artista entregado al misterioso pero a su vez apasionante mundo de los niños. Un artista de los pies a la cabeza en donde los haya. Vamos, como diría mi mujer, "un artista de pelo en pecho".

Sarapín es un payaso-mago que se dejó el viernes por la tarde la piel y toda su alma entregándose a un grupo de niños, jóvenes y adultos que le pidieron les deleitase con su arte y, ¡vamos si lo hizo! Todos disfrutábamos como niños cuando oíamos sus chistes y sus bromas, cuando nos deleitaba con algún malabarismo, cuando nos dejaba atónitos con sus trucos de magia.

Vamos, mis queridos amigos lectores, como suele decirse, un artista de los pies a la cabeza.

Mas no queda ahí la cosa. Un buen artista no sólo lo es por su trabajo y por su buen hacer ante el público. Para mí ante todo, un buen artista se mide también por lo que en su arte deja entrever de su alma y, puedo aseguraros, mis queridos amigos, que el alma de este artista es un alma noble en donde las haya. Y por eso merece todo mi respeto y todo mi cariño.

Mi querido Don Joaquín (mi maestro de teatro durante aquellos maravillosos años de mi juventud) siempre nos decía: "Se abre el telón y aparecen, la ilusión, la emoción y el alma del artista".

Pues sí señores, yo he disfrutado del artista, de su alma, de sus emociones y de su ilusión, de su persona y de lo que sale de su corazón.
Le hemos tenido en casa, ha jugado con nuestros hijos, hemos tenido largas y apasionadas conversaciones.
Me ha hecho recordar aquellos maravillosos años entre telones, bambalinas, attrezzos, focos, música, máscaras, mallas, maquillajes, nervios, llantos, risas, abrazos y baños de aplausos.

Espero volver a disfrutar tanto como en estos últimos días.
Querido Sarapín, ya sabes que aquí tienes tu casa.



(Dedicado a mi buen amigo Jesús y a todos cuantos le apoyan)

domingo 21 de agosto de 2011

Mereció la pena

Hoy vimos irse al Santo Padre Benedicto XVI y hoy vimos recoger las tiendas de los peregrinos.
Parecía como cuando la columna de nube o de fuego comenzaba a moverse y los israelitas levantaban el campamento para seguir a su Dios al mando de Moisés.

Mereció la pena el ahorro durante meses, mereció la pena el calor, el esfuerzo físico, el cansancio, las críticas. Sí señores, mereció la pena.

Mereció la pena subir de madrugada hacia Madrid para simplemente ver la felicidad dibujada en los rostros de nuestros hijos durante unas horas.

Mereció la pena conducir durante toda una noche, no comer, no dormir. Mereció la pena.

Mereció la pena ver el rostro de Dios dibujado en dos millones de peregrinos.

Sí, mis queridos amigos lectores, mereció la pena que viniese Benedicto XVI.

viernes 19 de agosto de 2011

JMJ 2011

Y por fin llegó la ansiada JMJ 2011. Y tengo la suerte de vivirla intensamente, aunque sea desde mi casa, con los míos, con los de mi parroquia, con los hermanos de mi comunidad, con tantos peregrinos que he conocido y que, haciendo escala en nuestra querida Málaga, hemos tenido la suerte de acoger y la gracia de poder atenderles.

Hemos conocido hermanos peregrinos de Melilla, de Costa Rica, de Texas, de Estados Unidos...., todos en un mismo espíritu, con un mismo sentir. Todos con ansias de encontrarse con Pedro y escuchar tan sólo una Palabra: "Dios te ama profundamente".

En casa hemos tenido la suerte de acoger algunos chicos jóvenes y aun sigo teniendo la suerte de ver cómo mis hijos han disfrutado como enanos de todos estos días.

Aún queda lo mejor: ver al Papa en Madrid y escuchar nuevamente esa dulce declaración de Amor: "Dios te ama profundamente".

Merece la pena el calor, el trabajo, el sudor, el cansancio, los kilómetros.
Sí queridos amigos lectores, merece muchísimo la pena. Y sé que muchos de vosotros lo sabéis a ciencia cierta porque estáis experimentando lo mismo que yo.

Queridísimo Santo Padre: Que Dios le Bendiga.

viernes 3 de junio de 2011

Tierra Santa

Unos 50 hermanos de la parroquia de San Patricio viajan hoy hacia Tierra Santa, la tierra de Dios, el país de Cristo, Eretz Israel. Viajan a aquella tierra en que Dios dejó ver su gloria durante milenios y en donde tantas gracias derramó.

Hoy recuerdo que hace unos 3 años estuvimos allí con nuestra comunidad. Aún me vienen los olores, sabores, sonidos, colores y tantos placeres para los sentidos.

Pero lo que más me invade es la alegría de las gracias que el Señor tuvo a bien derramar sobre mi mujer y sobre mí. Y cuando volvimos, esas gracias se contagiaron también a nuestros hijos.

En la Tierra de Dios, todo habla de Dios; todo habla de paz, de serenidad, de certidumbre, de seguridad. Nada valen los conflictos ni las contiendas de los hombres. Lo único que ciertamente habla al corazón es la Palabra de Dios que un día se escribió en esas piedras.

Queridos hermanos de la 4ª comunidad de San Patricio: QUE DIOS OS BENDIGA.

jueves 31 de marzo de 2011

Nos queda tu sonrisa

Ayer despedimos a Fany. Tras una larga, pero a su vez escondida enfermedad, nos dejaste para subir al cielo. No sé si lo sabes, pero allí es donde te esperan todos cuantos te precedieron. No sé si lo sabe tu querido Ricardo, pero allí es donde estás guardándole un sitio. No sé si lo saben tus hijos, pero allí es donde volverán a abrazarte. Querida Fany, muchos son los años que hace que te conocí. Tuve la suerte de disfrutar de tus bromas, de tus alegrías, de tu sonrisa. Ahora eso es lo único que nos queda: tus hijos y tu sonrisa. Que Dios te acoja en su seno.
(Dedicado a Fany, que pasó al Padre el 30 de marzo de 2011. D.E.P.)

miércoles 22 de diciembre de 2010

Los educadores


Ayer tarde mi hijo David tuvo a bien invitarme a su fiesta de Navidad del cole.

En absoluto me gusta este tipo de eventos. De hecho, cada vez que pienso en aglomeraciones de gentes, niños, fotos, etc... se me ponen los pelos de punta.
Pero ayer por la tarde noche fui, porque el pobre estaba muy ilusionado. Y fijaros qué cosa, me gustó bastante, más bien me gustó muchísimo. Disfruté como un enano.

Es increíble la labor que a diario y de forma callada, abnegada y discreta realizan los educadores.
Alabo esa forma, paciencia, serenidad, don de palabra y cariño con que los maestros y maestras tratan a nuestros hijos.
Porque para lidiar con 20 ó 30 críos de 3, 4 y 5 años hay que tener todos esos dones y otros muchos más.
Y además los críos obedecen, aprenden y acaban queriéndoles muchísimo.

Normalmente yo sólo suelo lidiar con 7 niños y, la verdad es que, la paciencia y la serenidad no son precisamente las virtudes más fuertes que Dios me haya concedido.
Y sin embargo esta gente fijaros cómo los tratan. Es admirable.
Y no sólo porque estén en público y tengan que actuar y poner bonitas y sonrientes caras ante nosotros sus padres. Cuando ves las fotos que durante cada día del año van haciéndose en el cole con los críos, sus rostros reflejan esa misma paz y alegría, por cierto, palabras bellísimas que en estas fechas se repiten una y otra vez y que, por desgracia, pierden todo su verdadero sentido.

El espectáculo de ayer fue precioso, pero detrás del telón, en bambalinas, estaban todos ellos animando y disfrutando de ver el fruto de esa su encomiable y nada despreciable labor cotidiana.

En fin, queridos educadores, mis queridos Antonio, Lola, Pepa, Carmen, Manolo, Mariví..., y todos esos a los que os veo cada día pero no conozco vuestro nombre: TENÉIS UNA MADERA ESPECIAL. No sois del todo conscientes de la gran labor que realizáis en favor de nuestras familias.

Que Dios os bendiga a todos, os conserve esos bellísimos dones y ¡¡FELIZ NAVIDAD!!